jueves, 18 de marzo de 2010

Play

7:30 AM. Suena el despertador y se levanta como cada día, a esa misma hora y del mismo modo. Su cuerpo entumecido se despereza con los pasos hacia el baño, la ducha de anoche le hace sentir mejor. Se lava la cara y da los Buenos Días al Nuevo Día que acaba de comenzar, como siempre.

Se viste, se peina, prepara las cosas y se va. La música del mp3 comienza a sonar y se cuela en sus oídos para llevarla a un mundo, apartando otro en el que el tráfico forma parte de la contaminación que respiran los oídos, donde no eres nadie... conocido y en el que solo eres alguien cuando tienen que dar el frenazo antes de que tú termines de cruzar la calle. Y ella observa todo aquello, pero indiferente, ausente estando presente en un sitio donde nada cuenta y al mismo tiempo se le da demasiada importancia a todo.

Camina con las manos en los bolsillos, abstraída por la melodía que cruza su cerebro de lado a lado, los ojos viajan soñadores por las calles; y sabiéndose ya el camino, sus pies avanzan llevados por el impulso de la rutina, el destino siempre es el mismo.
Ella imagina paisajes, personajes... en definitiva, otra vida donde ella es una heroína y donde todo el dolor es recompensado de algún modo. Todo al ritmo de la música; una voz habla, instrumentos susurran y entre ellos, el piano es cada uno de esos pasos que irrumpen en el subsuelo asustando a hormigas dormidas que esperan el calor de la primavera.
Ya nada existe a su alrededor, los recuerdos mezclados con su imaginación la engullen para llevarla sobre una nube gris y húmeda hasta la estación.

Tiene la vista perdida, y a través de sus ojos, en el cristal de éstos, se aprecian sus pensamientos, utópicos, tristes, alegres, emotivos, anhelantes e interrogantes. La música se puede escuchar con tan solo mirarla, perdida, como si no estuviese en este mundo, porque ya no lo está; ella es parte de la música.

Queda menos, y aunque parece no estar, su subconsciente la avisa y sus piernas, solas, la mueven hasta su rutinario sino.
Ya ha llegado a la estación. El billete entra, el billete sale, la chica accede al andén. Ahora toca esperar. Se apoya en algún sitio, no le gusta estar cerca de la vía, tampoco que los demás lo estén, la pone nerviosa y se le encoge el estómago, la pone en sobre aviso para que no la pille desprevenida cualquier susto de cualquier índole, porque su estómago ya aprendió que por muy poco que esperes algo, llega, y de la peor manera posible.

La música le ayuda a sobrellevar esa tensión y se deja mecer por melodías, ya sean atronadoras, comprometidas, melódicas o al ritmo de una caja que parecen ser los latidos lentos de un corazón que quiere decir algo. Solo le da tiempo a escuchar dos minutos, la música sigue sonando y el tren ya se acerca. Poco a poco va frenando, y ella sigue apoyándose en algo sólido.

Está sola, rodeada de gente, de pie en el andén, con las manos en los bolsillos y con un dedo en el play del mp3 para parar la canción cuando sea necesario. La agonía de la música viene acompañada con la parada del tren; justo ha dado una puerta frente a ella, que está quieta y oculta tras la realidad. Mira fijamente la puerta, y entonces ambos, tanto el tren, que suspira, como la música, paran. Ya no hay utopías, ya no hay una heroína.

Se oye a gente bajar y subir de los vagones, ella se acerca a una multitud para entrar dentro, como todos. Un grupo de tres mujeres parlotean entre ellas, el pitido del tren se escucha y ella está subiendo los dos escalones que le separan del interior, duda. En un día normal entraría, en la rutina entraría, en el mundo real lo haría. Lo hizo.
Le dio al play de nuevo, la música sonaba otra vez. Volvió la heroína. Se bajó...

Y en sus ojos de nuevo soñadores se leía que, en otro mundo, ella no entró al tren.

1 comentario:

  1. Eyyy free!

    Oye.. mola un taco la entrada eh! yo supongo que todas cuando damos al Play del ipod, mp3 o mp4 nos creemos heroinas de nuestro propio mundo personal.. al menos.. yo si xD

    besitoos nenaa!

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